El sexto dedo.


Retrato al óleo. Obra de 25 x 25 cm en la que hago un tímido intento de soltar la pincelada. ¡Aún me queda tanto por aprender! pero no me rindo.
Jose es un reflexionador como pocos. En esta vida de ciudad acelerada, pocos son los que aún conservan la capacidad de pasarse horas mirando al vacío o escribiendo haciendo funcionar sus cabecitas. No es perder el tiempo y aunque lo fuese, Oscar Wilde ya habló sobre la importancia de perder el tiempo en su libro. A mi con tanto hacer y tanta acción se me ha olvidado lo que era pararme a pensar, a estar conmigo. Admiro y envidio mucho la habilidad de Jose, entrenado el cerebro y acostumbrado a pensar y a pensar bien, el mío sin embargo se queda anclado en la más futil acción reacción y tengo que hacer verdaderos esfuerzos para oir a mi conciencia y sacar conclusiones que me alumbren el camino. Mi vida sin mi es solo una sucesión de hechos, cosas que empiezan y se acaban. Siempre he sido de las que creen que eres lo que haces pero ahora me doy cuenta que cuanto más hago, menos soy. Tiene que haber un equilibrio entre el ser y el hacer que se me ha pasado por alto. Aún no es tarde para volver atrás en la balanza. Voy a inicarme en el camino de la meditación proximamente y espero encontrarme con Nuria cuando lo haga. En tanto, Jose, me recuerda quien soy cuando le dejo, aunque apenas reconozco de quien me habla. En todo caso gracias por hacerme pensar.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Sigue intentándolo

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