
Las personas más cercanas me dijeron que en la intimidad, soy otra persona. Otra persona.
¿Acaso no lo somos todos? Pensé yo.
Pero las capas que me protegen son demasiado gruesas. Creí que nadie las vería, que son como el cristal, como una lámina de plástico. Creí que no las notarían, pero me conocen bien, mejor que yo y han sabido ver muy adentro. Cuando lo supe, cuando fui consciente de su espesor, intenté quitármelas, pero ya no puedo, están muy ancladas a mí. Me han protegido tantas veces.
Desnudarme, desnudarme, desnudarme, me repito sin parar en un intento vano. Ya no se cómo hacerlo, me pierdo en el intento, no sé quién es la persona y quién la capa. No controlo el mecanismo. No sé vivir sin ellas. Identificarlas, saber que están ahí, ya ha sido un gran paso. Solo en ciertos momentos de lucidez soy lo bastante consciente como para quitármelas. Cuando voy a corazón puro. Desnudarme cuesta, duele, me agarrota la idea. Prefiero retorcerme al abrigo de mi capa.
Dime, ¿cómo lo has visto? ¿cuándo?Dime dónde está, dime quién es quién, ayúdame,… desnúdame,… yo sola no puedo.
Y disfruten de la obra que salió de esto...










