
Creo que para cada una de las 7 ramas del arte hay que estar hecho de una madera especial, diferente en cada caso. Es obvio. Algunas personas con un poco más de suerte en el reparto de la inteligencia son capaces de destacar en varias a la vez. No es mi caso. Aunque siempre he intentado buscar un hueco en mi vida para practicar el teatro, lo que de verdad me apasiona es la pintura. Tras la carrera de Ambientales me decidí a estudiar sin embargo el ciclo de Artes Aplicadas de la Escultura en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla. Más que nada porque no había un ciclo de pintura o dibujo. No me atrevía a entrar en Bellas Artes. No me quedaban ganas de estudiar a pesar de que mis padres me lo ofrecieron gustosos. Después de dos años allí no me considero una escultora. Tampoco me considero una pintora porque no es mi único oficio, al que me dedico 100%. Mucho menos me considero artista. Artista es una palabra demasiado grande. Hay que pensar mucho, trabajar mucho y luchar mucho para ser un artista de veras. Me río cuando la gente dice: ¡Yo soy un artista! Me rechina en los oídos. Ni que fuera como sacarte un curso del CCC. Ni que fuera como hacer la carrera de Bellas Artes. No señores no. Para ser artista hay que dedicarse a ello en cuerpo y alma, obsesionarse, hacer que tu vida gire en torno a la creación. Tener un titulo solo vale para colgarlo y que te den becas. Lo importante son las personas y como se desenvuelven después solas, sin un profesor que les evalúe. Solas ante su propia decisión, con toda la responsabilidad, sin poder culpar a nadie más que a uno mismo. Decidiendo tu camino, aprendiendo a decir NO, que es muy importante para no desviarse de la meta de uno. Yo aún estoy demasiado comprometida con otras áreas de mi vida como para ser una artista. Apenas desarrollo bien el papel de aprendiz. Por no saber decir NO, me he desviado muchas veces de ese camino. Por el miedo, por la sociedad, por las reglas que nos cuentan y que en realidad no están escritas, por los muros que nos ponemos nosotros solitos, por creer que los sueños solo se cumplen en las películas, por no disgustar a la familia, por no preocuparles, por tantas cosas he ido dando tumbos en la vida, viviendo en varios sitios, eso sí, siempre aprendiendo. Ahora tengo mogollón de basura hueca en la cabeza y un montón de títulos en una carpeta azul que exhibo orgullosa cuando voy al INEM a que no me encuentren trabajo porque estoy demasiado formada o demasiado poco o demasiado expandida y no me he especializado en nada, o demasiado mayor. En fin, este ciclo de Artes Aplicadas a la Escultura fue otro de esos meandros amplios del rio que me lleva. No digo que fuera un meandro muerto, algo queda, SIEMPRE SE APRENDE. Juzguen ustedes por las fotos si aprendí algo aunque yo les aseguro que sí. Pero no me considero escultora no. Aún así disfruté muchísimo aquellos dos años en Sevilla después de la rigidez de las clases en Ciencia Ambientales, los talleres me parecieron el paraíso. No me podía creer lo que estaba haciendo. En un taller, usando mis manos para crear directamente algo en compañía de más gente que también creaba. ¡¡¡Y podía hablar con ellos mientras o escuchar música!!!Increible para mí. Fue un gran cambio. Una pequeña liberación. Digo pequeña porque no mató al gusano inquieto por la pintura que llevo en el corazón. No fue suficiente anestesia. Pero lo que yo no sabía cuando remaba en ese meandro es que las buenas notas que conseguí en ese ciclo me permitirían años después entrar sin problemas en Bellas Artes. Ahora el gusanillo está gordo, campa a sus anchas dentro de mí. Intento alimentarlo todo lo que puedo pero con dos trabajos es difícil. De aquellos dos años me llevo el gusto por la madera, por el olor a cedro, por la blandura de la misma cuando la gubia bien afilada se desliza sobre ella y la sensación poderosa de la forja, del fuego, la manejabilidad del metal que se presta a casi cualquier cosa. Sigo en ello este año en tercero.
0 comentarios:
Publicar un comentario